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Septiembre: cuando nuestra casa vuelve a ser protagonista

Hay un momento del año en el que la casa parece recibirnos de nuevo.
Suele ocurrir a finales de agosto o principios de septiembre, cuando regresamos de vacaciones y volvemos a abrir la puerta después de unos días fuera. Dejamos las maletas en el suelo, abrimos las ventanas para que entre aire fresco y, poco a poco, cada habitación recupera su lugar.
Durante el verano nuestra forma de vivir cambia. Pasamos más tiempo fuera, improvisamos horarios, alargamos las cenas, desayunamos sin prisa y convertimos terrazas, playas o casas de vacaciones en el escenario principal de nuestros días. La rutina se diluye y la vivienda queda, en cierto modo, en pausa.
Pero septiembre marca el regreso. Vuelven los horarios, los proyectos, los colegios, las reuniones y esa sensación tan característica de empezar una nueva etapa. Aunque el calendario diga que el año comienza en enero, para muchas personas septiembre es el verdadero momento de hacer borrón y cuenta nueva.
Y ese nuevo comienzo también sucede dentro de casa.
Porque la vivienda no es únicamente el lugar al que volvemos después de trabajar o donde guardamos nuestras cosas. Es el espacio que acompaña nuestros cambios, nuestras rutinas y nuestros momentos importantes. Por eso, cuando termina el verano, merece la pena dedicarle algo de atención y prepararla para una nueva temporada.

Volver a casa también es reencontrarnos
Las vacaciones tienen algo maravilloso: durante unos días nos permiten cambiar completamente de ritmo. Dormimos más, improvisamos planes, descubrimos lugares nuevos y recuperamos una sensación de libertad que durante el año parece más difícil de encontrar.
Pero también hay algo especial en volver.
La primera noche en casa, el primer café preparado en nuestra cocina, volver a sentarnos en nuestro sofá o recuperar esa habitación que dejamos atrás antes de marcharnos tienen una sensación de familiaridad difícil de sustituir.
Septiembre puede ser una buena oportunidad para mirar la vivienda con otros ojos. No necesariamente para cambiarla por completo, sino para redescubrirla.
Quizá durante el verano nos hemos dado cuenta de que necesitamos un rincón más cómodo para leer, una mesa mejor organizada para trabajar o más espacio de almacenamiento. Quizá hemos descubierto que la terraza era el lugar más disfrutado de la casa y queremos aprovecharla más tiempo durante el año.
Las vacaciones también sirven para observar cómo vivimos. Y muchas veces, al regresar, aparecen pequeñas ideas para mejorar nuestro día a día.
No hace falta hacer grandes reformas para conseguirlo. A veces basta con reorganizar un espacio, mover un mueble de sitio o recuperar una zona de la casa que había quedado olvidada.
Una vivienda bien pensada no es una vivienda perfecta. Es aquella que evoluciona con quienes la habitan.

Pequeños cambios para recibir una nueva estación
Septiembre es un mes de transición. Todavía quedan días de calor y terrazas que disfrutar, pero poco a poco empezamos a pasar más tiempo en el interior.
Es el momento perfecto para preparar la casa para ese cambio.
Una de las primeras cosas que podemos hacer es recuperar el orden después del verano. Guardar las maletas, organizar armarios, revisar aquello que ya no utilizamos y devolver cada objeto a su lugar tiene un efecto inmediato. Una casa despejada transmite una sensación de calma que resulta especialmente bienvenida cuando vuelven las agendas llenas.
También es una buena época para revisar los textiles. Sustituir algunos elementos ligeros del verano por otros más cálidos cambia completamente la percepción de una estancia. Una manta sobre el sofá, unos cojines nuevos o una alfombra pueden hacer que el salón vuelva a convertirse en ese lugar donde apetece pasar las tardes.
La iluminación adquiere también un papel protagonista. En septiembre los días empiezan poco a poco a acortarse y la luz artificial vuelve a acompañarnos durante más horas. Una lámpara de lectura junto a un sillón, una iluminación más cálida en el dormitorio o pequeños puntos de luz indirecta pueden transformar la atmósfera de una vivienda.
Son detalles sencillos, pero tienen algo en común: no buscan únicamente que la casa sea más bonita, sino que sea más agradable de vivir.
Porque una vivienda no se disfruta solo con la vista. También se disfruta con las sensaciones.

Septiembre, el momento perfecto para cuidar la vivienda
El final del verano también es una buena oportunidad para hacer esa pequeña puesta a punto que muchas veces vamos posponiendo.
Después de meses de calor, conviene revisar algunos elementos de la casa antes de que llegue el otoño. Comprobar el estado de ventanas y persianas, revisar los sistemas de climatización, limpiar filtros o solucionar pequeños desperfectos evita que las prisas lleguen cuando cambia el tiempo.
La terraza merece una atención especial. Durante el verano suele convertirse en una de las zonas más utilizadas de la vivienda y es habitual que algunos muebles, textiles o plantas necesiten cuidados después de tantos días de exposición al sol.
Prepararla para los próximos meses permite seguir disfrutándola. En Madrid, por ejemplo, muchas de las mejores tardes de terraza llegan precisamente cuando baja el calor intenso y el otoño empieza a asomarse.
También es un buen momento para pensar en pequeñas mejoras que llevamos tiempo imaginando. Pintar una estancia, renovar una pieza de mobiliario, mejorar el almacenamiento o crear un espacio de trabajo más cómodo pueden cambiar mucho la experiencia diaria sin necesidad de grandes inversiones.
Las casas, como las personas, necesitan atención para mantenerse en su mejor versión.

La rutina también puede ser un lugar al que volver
A menudo hablamos de las vacaciones como el momento en el que realmente vivimos. Sin embargo, la mayor parte de nuestra vida ocurre en la rutina.
Por eso es importante que nuestra casa esté preparada para acompañarla.
Un hogar no debería ser únicamente un lugar donde dormir entre semana y esperar al próximo descanso. Debería ser ese espacio donde encontramos tranquilidad después de un día intenso, donde compartimos una cena improvisada, donde leemos unas páginas antes de dormir o donde recibimos a quienes queremos.
Quizá uno de los grandes aprendizajes del verano sea precisamente ese: no necesitamos esperar a estar de vacaciones para disfrutar más de nuestra vida cotidiana.
Podemos mantener algunos pequeños rituales que nos hicieron sentir bien durante esos días. Desayunar con calma los fines de semana, reservar tiempo para leer, cocinar algo especial, salir a caminar al terminar la jornada o aprovechar los últimos días de terraza.
La diferencia está muchas veces en cómo miramos nuestros espacios.
Septiembre no tiene por qué ser únicamente el mes del regreso a las obligaciones. También puede ser el mes en el que volvemos a disfrutar de nuestra casa de una manera diferente.
Porque una vivienda no cambia cuando cambiamos los muebles o la decoración. Cambia cuando cambia la forma en la que la vivimos.
Y quizá esa sea la mejor manera de empezar una nueva etapa: volver a casa y descubrir que todavía quedan muchos momentos por estrenar.

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